POR UN CORAZÓN DESPEDAZADO
Por Marietta Navarro
En el eco silencioso de la noche, yace un corazón despedazado.
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Sus suspiros se mezclan con el viento, llevando consigo los retazos de un amor roto.
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Cada latido es un eco de la melancolía que anida en lo más profundo, recordando los momentos de alegría convertidos ahora en espinas que hieren cada pensamiento.
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Las grietas en el alma reflejan los recuerdos que se desvanecen lentamente, como hojas secas llevadas por la corriente de un río.
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El dolor se convierte en compañero constante, tejiendo su presencia en cada momento, recordando la fragilidad de lo que una vez fue un amor sólido y lleno de promesas.
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Sin embargo, en medio de la oscuridad, el corazón roto busca sanar.
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Con cada amanecer, intenta recomponerse, juntando pedazos dispersos con la esperanza de encontrar una nueva luz.
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Las cicatrices se convierten en testigos de la fortaleza interior, un recordatorio de la capacidad de amar y de renacer después de la tormenta.
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Así, entre susurros de esperanza, el corazón despedazado sigue latiendo, aprendiendo a vivir con las grietas, pero sin dejar de palpitar con la ilusión de un mañana donde el amor vuelva a florecer.
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